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LEYENDA DEL QUINTO SOL

IMAGENES QUE SE VIVIERON EN TENANGO DEL VALLE

 La leyenda del Quinto Sol es una historia de origen náhuatl, descrita a los españoles que arribaron al Nuevo Mundo y que expone la creación del mundo que actualmente habitamos.

Cuatro eras o soles habían existido anteriormente. Sin embargo, grandes catástrofes acabaron con todo aquello que existía, quedando solamente oscuridad. Los dioses acordaron reunirse en un lugar sagrado para volver a crear el mundo y darle otra oportunidad al ser humano; y decidieron hacerlo en Teotihuacan. Encendieron un gran fuego y comenzaron a deliberar sobre quién debería ser sacrificado para convertirse en el Sol que daría vida a la nueva creación.

-¿Quién tomará el cargo de alumbrar al mundo?, se preguntaban los dioses.

-“Yo lo haré”, el noble Tecuciztécatl adelanto a decir.

-¿Quién será otro?, replicaron los dioses.

Ante el silencio, todos decidieron que lo hiciera el humilde Nanahuatzin, quién rápidamente aceptó la responsabilidad. Se les construyeron dos grandes pirámides para que ayunaran e hicieran penitencia por cuatro días.

Tecuciztécatl realizó ofrendas maravillosas como plumas de quetzal y espinas de piedras preciosas. Por su parte, Nanahuatzin hacía ofrendas muy sencillas, como atados de cañas, bolas de heno y espinas de maguey con las que ofrendaba su propia sangre.

A la media noche todos los dioses se colocaron alrededor del fuego llamado teotexcalli. Instaron a Tecuciztécatl a entrar en él, pero éste, al ver la intensidad del fuego y sentir su calor emanado, tuvo miedo, dando un paso hacia atrás. Cuatro veces intentó lanzarse al fuego, pero en todas ellas lo detuvo el miedo. Los dioses instaron entonces a Nanahuatzin, quien sin pensarlo, cerró los ojos y se lanzó decididamente al fuego.

Tecuciztécatl, al verlo, se lanzó detrás de él. Poco tiempo después, un sol aparecería, eliminando las sombras de la tierra. Sin embargo, algo no marchaba bien. Detrás del Sol apareció la Luna, iluminando de igual forma el firmamento, produciendo un gran destello de luz.

Al ver esto, un sacerdote tomó un conejo y se lo lanzó a la Luna, dando en el rostro de Tecuciztécatl, apagando su resplandor y solo permitiéndole ser visto por las noches. Si bien desconocemos si los teotihuacanos conocían esta historia, ésta debió ser contada durante muchas generaciones en todo el México prehispánico.

El hecho de que, siglos después de abandonada, Teotihuacan continuara siendo considerada como un lugar sagrado, nos hace preguntarnos aún más sobre la grandeza de esta cultura.

 

 

Fuente: Con datos adquiridos del  Instituto Nacional de Antropología e Historia

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